Vale, me voy a poner el día. Del 14 al 20 de diciembre fui a NY. Tras un viaje en autobús de 10 horas llegamos a la gran ciudad y al ir a coger el metro unos policías muy amables nos colaron; nosotras insitíamos en pagar, pero los polis se negaron: “Bienvenidas a NY”, nos repetían mientras ignoraban nuestra pregunta de “¿Dónde pagamos?”. El día comenzó bien, y, de repente, los policías estadounidenses parecían menos malos. Lo mejor del viaje todavía nos aguardaba: el albergue en el que teníamos reserva estaba cerrado por peligro de derrumbamiento (sí, íbamos a lo barato, que somos estudiantes). Un hombre en la puerta nos insistió en que entrásemos y, aunque en el cartel en el que ponía lo del derrumbamiento también ponía que podían multarte si entrabas al edificio, nosotras entramos (más que nada porque no nos quedaba otra). Para nuestro alivio, nos informaron en recepción (se ve que en NY las recepcionistas no abandonan su puesto de trabajo ni aunque se vaya a derrumbar el edificio) de que en lugar de dormir en el albergue (habitación y baño compartido con personas desconocidas), dormiríamos en un hotel de 3 estrellas, compartiendo habitación y baño solitas Itzi y yo. El hotel, por cierto, era de ambiente árabe y nos dimos cuenta de que la música árabe y el flamenco se parecen muchísimo, sólo que los quejidos no se entienden (si es que alguien los entiende en el flamenco…).
Como hace mucho del viaje, no me acuerdo bien del orden de las visitas, de lo que sí me acuerdo es del PUTO frío que hacía. Un frío impresionante, nunca hasta entonces había tenido tanto frío. Visitamos la sede de la ONU (por fuera, que entrar era caro) e intentamos adivinar a qué países pertenecía cada bandera. El Central Park no tiene desperdicio, y más el último día, porque nevó, y nevado estaba precioso. Tampoco falto lo típico: Times Square, Madison Square Garden, el puente de Brooklyn, Wall Street Center, las obras de lo que se va a construir en el lugar en el que estaban las Torres Gemelas, Rockefeller Center, la Catedral de St. Patrick, Central Station…
En conclusión, que aunque NY no es una de mis ciudades favoritas, está claro que hay verla; y, por favor, si alguna vez vais, no dejéis de visitar Ellis Island, que es la isla a la que llegaban los inmigrantes europeos de principios del siglo XX. Allí les decían si les dejaban pasar o no a la tierra prometida y básicamente les trataban como a animales. Hay un museo muy interesante.
No os creáis que ya he terminado con el viaje, ¿eh? Os pongo en contexto: el sábado salíamos por la noche de NY y teníamos que llegar a Toronto el domingo, para coger el lunes el vuelo de vuelta a Madrid para las Navidades. Pues nosotras nos montamos en el autobús muy contentas con nuestra visita y encantadas con la preciosidad de la nieve. La nieve nos empezó a hacer un poquito menos de gracia cuando, a la media hora de viaje, nos tiramos 2 horas parados en una gasolinera, en medio de una tormenta de nieve que empezaba a sepultar a los coches que veíamos aparcados (“¿cómo estaremos nosotros?”, pensábamos). Entonces el conductor nos informó de que íbamos a arrancar, pero de vuelta a NY, que con la tormenta de nieve no se podía avanzar; otro autobús saldría para Toronto a la mañana siguiente.
Llegamos a NY a la 1 de la mañana, y aunque nos había dicho el conductor que la empresa de autobuses se haría cargo del coste del hotel de esa noche, pensamos que sería mejor dormir en la estación, porque encontrar un hotel a esas horas iba a ser misión imposible. La estación de la que salía el autobús era de trenes (no preguntéis por qué¿?), y nos dimos cuenta de que la zona de asientos estaba reservada a los pasajeros con billetes de tren (MUCHAS GRACIAS¡!!!!). Así que nos dispusimos a dormir en suelo por turnos, para vigilar el equipaje. A las 2 o así nos dimos cuenta de que ya no controlaban los billetes para entrar a la zona VIP con asientos, así que trasladamos nuestros culos a algo un pelín más cómodo. Pero, a las 4 empezaron otra vez a pedir los billetes y nos echaron… “Bueno”, pensamos muertas de frío, de cansancio, de cabreo y de todo, “vamos a investigar qué suelo está más caliente de toda la estación”. ¿Sabéis a qué conclusión llegamos? El rincón más caliente de toda la estación era en el que dormían unos 20 o 30 mendigos (lógico), así que nos unimos a ellos. PERO, cuando nos acabábamos de sentar y de arropar con nuestros abrigos, vinieron los guardias de seguridad a despertar con palos a los mendigos (nosotras debíamos tener mejor pinta, porque tuvieron la consideración de explicarnos que ya iba a ser de día y eso de estar tirados no daba buena imagen…) CONCLUSIÓN: en el suelo no te puedes sentar que das mala imagen, los asientos son para gente VIP y las cafeterías están todas cerradas. ¿QUÉ COÑO HACEMOS? Esperar de pie hasta las 6 y pico que abrieron la primera cafetería…
A las 8 abrían la oficina de nuestros autobuses, así que fuimos a informarnos porque nuestro conductor no nos había dejado muy convencidas… Sólo digo una cosa: ¡En qué hora se nos ocurrió ir a la oficina de información a pedir información!!!! ¿En qué cabeza cabe?? ¿Cómo se nos ocurrió? ¿Por qué? ¿Por qué???? Van y nos dicen los muy informados y los muy gilipollas, que ha salido un autobús para Toronto a las 7 y que hay otros dos a las 12 y a las 10 de la noche, pero que ya no hay plazas, que en cuanto haya plazas en alguno nos meten (recordad que estábamos a domingo por la mañana y que el lunes a mediodía teníamos que estar en el aeropuerto de Toronto, y que el viaje son 10 horas…). Todo esto os lo he dicho suavito, pero nos gritaron como si estuviésemos locas y sólo nos prometieron sitio en algún autobús después de discutir durante casi una hora… Desesperadas, buscamos billetes de tren, de avión, de lo que fuese para llegar a Toronto, pero nada de nada… ¿Sabéis lo que pasó al final???? Que nuestro autobús salió a las 11 como nos había dicho el conductor la noche anterior y que los de la oficina de información no tenían ni idea de nada de nada…
Ahí termina mi aventura de NY. Llegamos por el domingo por la noche a Toronto, dormí como 3 horas porque tenía que hacer la maleta, el lunes por la mañana corrí a comprar los últimos regalos de Navidad, que menos mal que ya los tenía fichados y nuestro viaje a Madrid transcurrió más o menos tranquilamente (si podéis evitar hacer escala en Frankfurt, EVITADLO) y tras una charla muy amena con un señor de acento extrañísimo que me dijo que llevaba 1o años fuera de España y que qué asco volver y que ya vería, que nunca iba a querer volver a ese país tan asqueroso que es el nuestro, pude por fin estar en CASA.
Siento que la entrada haya sido tan larga, seguro que muy pocos la leeís hasta el final…
Besitos