Navidades

17 02 10

Las Navidades se me hicieron muy, muy cortas. Tenía que ver a mucha gente y sólo tenía 10 días… Me lo pasé muuuy bien, pero dormí tan poco que a la vuelta tuve que estar una semana recuperándome. Me hizo mucha ilusión ver a todos los que vi, y también me hizo ilusión comer jamón serrano y comidita de mi mamá. Tengo que destacar la última noche, porque pasé mucha vergüenza, y porque se lo curraron de verdad. Esa noche me lo pasé genial y me hizo MUCHA, MUCHA, MUCHA ilusión ser conductora por un día, XD. Me hicieron ser conductora durante unos metros (no más, que soy vergonzosilla) en pleno Sol, como podéis ver en las fotos:

Muchísimas gracias a todos por ese día, de verdad. Esta entrada se la dedico a los que se dejaron los muñones pintando el autobús y la jarra de sangría. El autobús lo veo cuando hablo por el Skype con mis padres y la jarra de sangría me la traje, como podéis comprobar (la foto no tiene mucha calidad, a ver si de día sale mejor):

¡Un beso enorme!

NY

17 02 10

Vale, me voy a poner el día. Del 14 al 20 de diciembre fui a NY. Tras un viaje en autobús de 10 horas llegamos a la gran ciudad y al ir a coger el metro unos policías muy amables nos colaron; nosotras insitíamos en pagar, pero los polis se negaron: “Bienvenidas a NY”, nos repetían mientras ignoraban nuestra pregunta de “¿Dónde pagamos?”. El día comenzó bien, y, de repente, los policías estadounidenses parecían menos malos. Lo mejor del viaje todavía nos aguardaba: el albergue en el que teníamos reserva estaba cerrado por peligro de derrumbamiento (sí, íbamos a lo barato, que somos estudiantes). Un hombre en la puerta nos insistió en que entrásemos y, aunque en el cartel en el que ponía lo del derrumbamiento también ponía que podían multarte si entrabas al edificio, nosotras entramos (más que nada porque no nos quedaba otra). Para nuestro alivio, nos informaron en recepción (se ve que en NY las recepcionistas no abandonan su puesto de trabajo ni aunque se vaya a derrumbar el edificio) de que en lugar de dormir en el albergue (habitación y baño compartido con personas desconocidas), dormiríamos en un hotel de 3 estrellas, compartiendo habitación y baño solitas Itzi y yo. El hotel, por cierto, era de ambiente árabe y nos dimos cuenta de que la música árabe y el flamenco se parecen muchísimo, sólo que los quejidos no se entienden (si es que alguien los entiende en el flamenco…).

Como hace mucho del viaje, no me acuerdo bien del orden de las visitas, de lo que sí me acuerdo es del PUTO frío que hacía. Un frío impresionante, nunca hasta entonces había tenido tanto frío. Visitamos la sede de la ONU (por fuera, que entrar era caro) e intentamos adivinar a qué países pertenecía cada bandera. El Central Park no tiene desperdicio, y más el último día, porque nevó, y nevado estaba precioso. Tampoco falto lo típico: Times Square, Madison Square Garden, el puente de Brooklyn, Wall Street Center, las obras de lo que se va a construir en el lugar en el que estaban las Torres Gemelas, Rockefeller Center, la Catedral de St. Patrick, Central Station…

En conclusión, que aunque NY no es una de mis ciudades favoritas, está claro que hay verla; y, por favor, si alguna vez vais, no dejéis de visitar Ellis Island, que es la isla a la que llegaban los inmigrantes europeos de principios del siglo XX. Allí les decían si les dejaban pasar o no a la tierra prometida y básicamente les trataban como a animales. Hay un museo muy interesante.

No os creáis que ya he terminado con el viaje, ¿eh? Os pongo en contexto: el sábado salíamos por la noche de NY y teníamos que llegar a Toronto el domingo, para coger el lunes el vuelo de vuelta a Madrid para las Navidades. Pues nosotras nos montamos en el autobús muy contentas con nuestra visita y encantadas con la preciosidad de la nieve. La nieve nos empezó a hacer un poquito menos de gracia cuando, a la media hora de viaje, nos tiramos 2 horas parados en una gasolinera, en medio de una tormenta de nieve que empezaba a sepultar a los coches que veíamos aparcados (“¿cómo estaremos nosotros?”, pensábamos). Entonces el conductor nos informó de que íbamos a arrancar, pero de vuelta a NY, que con la tormenta de nieve no se podía avanzar; otro autobús saldría para Toronto a la mañana siguiente.

Llegamos a NY a la 1 de la mañana, y aunque nos había dicho el conductor que la empresa de autobuses se haría cargo del coste del hotel de esa noche, pensamos que sería mejor dormir en la estación, porque encontrar un hotel a esas horas iba a ser misión imposible. La estación de la que salía el autobús era de trenes (no preguntéis por qué¿?), y nos dimos cuenta de que la zona de asientos estaba reservada a los pasajeros con billetes de tren (MUCHAS GRACIAS¡!!!!). Así que nos dispusimos a dormir en suelo por turnos, para vigilar el equipaje. A las 2 o así nos dimos cuenta de que ya no controlaban los billetes para entrar a la zona VIP con asientos, así que trasladamos nuestros culos a algo un pelín más cómodo. Pero, a las 4 empezaron otra vez a pedir los billetes y nos echaron… “Bueno”, pensamos muertas de frío, de cansancio, de cabreo y de todo, “vamos a investigar qué suelo está más caliente de toda la estación”. ¿Sabéis a qué conclusión llegamos? El rincón más caliente de toda la estación era en el que dormían unos 20 o 30 mendigos (lógico), así que nos unimos a ellos. PERO, cuando nos acabábamos de sentar y de arropar con nuestros abrigos, vinieron los guardias de seguridad a despertar con palos a los mendigos (nosotras debíamos tener mejor pinta, porque tuvieron la consideración de explicarnos que ya iba a ser de día y eso de estar tirados no daba buena imagen…) CONCLUSIÓN: en el suelo no te puedes sentar que das mala imagen, los asientos son para gente VIP y las cafeterías están todas cerradas. ¿QUÉ COÑO HACEMOS? Esperar de pie hasta las 6 y pico que abrieron la primera cafetería…

A las 8 abrían la oficina de nuestros autobuses, así que fuimos a informarnos porque nuestro conductor no nos había dejado muy convencidas… Sólo digo una cosa: ¡En qué hora se nos ocurrió ir a la oficina de información a pedir información!!!! ¿En qué cabeza cabe?? ¿Cómo se nos ocurrió? ¿Por qué? ¿Por qué???? Van y nos dicen los muy informados y los muy gilipollas, que ha salido un autobús para Toronto a las 7 y que hay otros dos a las 12 y a las 10 de la noche, pero que ya no hay plazas, que en cuanto haya plazas en alguno nos meten (recordad que estábamos a domingo por la mañana y que el lunes a mediodía teníamos que estar en el aeropuerto de Toronto, y que el viaje son 10 horas…). Todo esto os lo he dicho suavito, pero nos gritaron como si estuviésemos locas y sólo nos prometieron sitio en algún autobús después de discutir durante casi una hora… Desesperadas, buscamos billetes de tren, de avión, de lo que fuese para llegar a Toronto, pero nada de nada… ¿Sabéis lo que pasó al final???? Que nuestro autobús salió a las 11 como nos había dicho el conductor la noche anterior y que los de la oficina de información no tenían ni idea de nada de nada…

Ahí termina mi aventura de NY. Llegamos por el domingo por la noche a Toronto, dormí como 3 horas porque tenía que hacer la maleta, el lunes por la mañana corrí a comprar los últimos regalos de Navidad, que menos mal que ya los tenía fichados y nuestro viaje a Madrid transcurrió más o menos tranquilamente (si podéis evitar hacer escala en Frankfurt, EVITADLO) y tras una charla muy amena con un señor de acento extrañísimo que me dijo que llevaba 1o años fuera de España y que qué asco volver y que ya vería, que nunca iba a querer volver a ese país tan asqueroso que es el nuestro, pude por fin estar en CASA.

Siento que la entrada haya sido tan larga, seguro que muy pocos la leeís hasta el final… :(

Besitos

Huevos Kinder

17 02 10

Hoy me he comido un huevo Kinder, y tenía el mismo sabor que los de España de cuando era pequeña. A veces necesito hacer cosas familiares, y veo Cuéntame, o alguna peli de Almodóvar (que me recuerdan a mi pueblo) o me voy doy una vuelta por Zara (es más caro aquí…), o escucho música “muy española”, como la banda sonora de “Las cosas del querer”, o me tomo un huevo Kinder, como hoy.

Por cieto, el huevo de dentro estaba modernizado, no se podían separar las dos partes, sino que está unido; y el regalo de dentro era una mierda, un juguete muy aburrido que todavía no sé para qué sirve, porque las instrucciones están en dibujos, no vienen explicadas con palabras…

¡Un beso muy grande!

QUENTIN TARANTINO

08 02 10

Os tengo que contar muchas cosas atrasadas: lo sé. Probablemente lo haré en algún momento de esta semana o de la que viene, pero antes tengo que deciros algo MUY importante. Si no habéis visto “Inglourious Basterds”, de Quentin Tarantino, tenéis que verla. Si la veis en versión original, mucho mejor; y si además sabéis alemán y francés pues supongo que mejor todavía.

Prometo escribir pronto.

¡Un beso grande!!

Tranquilidad Torontina

09 12 09

Toronto no tiene gentilicio, así que que cada uno ponga lo que quiera: torontiense, torontino, torontiano… A mí me gusta torontino/a, así que pongo ese.

Este finde nos hemos quedado en Toronto porque claro, al final con tanto viaje no vamos a conocer la ciudad en la que vivimos. Supongo que el no ser ricos, el tener exámenes y trabajos finales y el que viajar cansa también cuenta. El viernes salimos de casa con la intención de ir a dos tiendas, una de mapas y otra en la que poder comprar cuadernos para hacer scrapbooks. Yo no sabía lo que era un scrapbook hasta que Lucía y Pablo me lo explicaron el viernes. Un scrapbook consiste, básicamente, en ir llenando de recortes, fotos y otros recuerdos de viaje (por ejemplo, entradas de conciertos) un cuaderno. Al final te quedará un libro supercurioso de los recuerdos de tu viaje, como un diario, pero más creativo. Conseguimos los scrapbooks, pero la tienda de mapas no la encontramos ni viva ni muerta…

El sábado decidimos que ya hora de comprar botas y abrigos porque iba a empezar a nevar en breve y claro, unos españolitos como nosotros no están acostumbrados a esas cosas: que la nevada de dos míseros centrímetros con la que el año pasado se colapsó Madrid todavía se recuerda (y creo que aquí se reirían en nuestra cara si lo contamos). El caso es que nos recorrimos mil quinientas tiendas y acabamos igual que empezamos, con miedo ante el inminente frío, sin abrigos ni botas, :( . Eso sí, alquilamos una peli (que luego no nos funcionó) y nos comimos unas crêpes ríquisimas en una sala de exposiciones.

El domingo y el lunes “estudié” y hoy, por fin, he conseguido un abrigo y botas. ¡Soy la persona más feliz del mundo! Las botas son éstas (observad que en la etiqueta pone -32ºC):

El abrigo parece un saco de dormir, me llega casi hasta los tobillos y, según una señora con pinta de madre a la que le he pedido consejo en la tienda, es perfecto para el invierno torontino. No tengo foto del abrigo porque es muuuuy grande…

¡En dos semanas ya estoy otra vez en Madrid!

Un beso!

Chicago!!!

04 12 09

Un día cualquiera me dijo Pablo: “Lucía y yo queremos ir a Chicago, ¿te apuntas? Y me apunté. Pero como los viajes molan más cuantas más personas se apunten, pues al final tuvimos que alquilar un monovolumen para que cupiésemos Alvin, Sarah, nosotros tres y Jennifer, una chica de clase. Sarah y Alvin tenían que venir desde Montréal, así que dejé la puerta de mi habitación abierta y un colchón preparadito en el suelo para que Alvin pudiese dormir algo cuando llegase a las 3 de la mañana. Yo sabía que Alvin tenía que entrar en la habitación, lo sabía, pero eso no evitó mi alarido al notar su presencia en mi habitación…

El día del viernes fue un tanto aburrido: no sé cuántas mil horas de viaje, más de media hora en la frontera para que los yankees decidiesen si nos dejaban pasar o no y, por supuesto, nos perdimos alguna que otra vez. Ya por la noche llegamos al albergue, donde nos dejaron una habitación para nosotros solitos, lo que moló bastante. Además, la habitación tenía las paredes pintadas del fondo del mar, vamos, con pulpitos, pececitos y demás criaturas que viven allí. Os pongo una foto para que os hagáis una idea:

El sábado, literalmente, lo flipamos. La ciudad es genial, nos encantó, nos la pateamos enterita por la mañana acompañados de solecito. Por la tarde fuimos al barrio latino y de repente parecía que estábamos en México en lugar de EE.UU. Cenamos tacos en un mexicano donde nos pusieron a la Oreja de Van Gogh porque vieron que éramos españoles. Les tuvimos que decir que ya que estábamos allí pegaba más una ranchera o algo por el estilo.

El domingo llovía, así que decidimos ver museos. Y aquí viene lo INTERESANTE. Por la noche fuimos a un club de blues que celebraba su aniversario. Éramos los únicos no-negros (Jeff, ahora te entiendo, xD) y claro, todas las miradas nos seguían en plan: “¿qué coño hacen estos aquí?”. Nosotros nos dispusimos a disfrutar del espectáculo, que no defraudó. Resumiré la noche diciendo que una de las cantantes, una negra con unas tetas y un culo enormes, se tiró como 10 minutos bailándole a Pablo de forma, digamos que provocativa. No voy a dar más detalles porque Pablo sigue con tratamiento psicológico, pero ver a esa señora no tuvo precio, temí ahogarme de la risa.

El lunes vuelta a Toronto, así que más de lo mismo: patatas fritas en el coche, aduana (esta vez rapidito), nos volvimos a perder, etc.

Resumiendo: ya sé que no he dado detalles de la ciudad, pero por favor, si tenéis alguna vez oportunidad en vuestra vida de visitar Chicago, ¡hacedlo!

Un beso enorme, sobre todo a los gitanos compañeros de viaje!!!! :)

PS: Sólo como aclaración, nos autodenominamos gitanos simplemente porque solemos llevar el coche como si fuésemos gitanos: mantas, comida, zapatos, mochilas, cosas que no se encuentran ni pa’ atrás… También comemos latas de atún en los aparcamientos o ensaladas en los bancos de los museos, creo que eso también cuenta para que seamos gitanos.

Montréal-Québec

20 11 09

Pues parece que todavía no he puesto en marcha el horario este anglosajón. Antes de ayer me acosté exactamente a las 5.44 de la mañana porque a Pablo y a mí nos dio por hacer un trabajo a última hora. Lo deberíamos haber entregado mientras estábamos en Montréal, pero la gente de Montréal es guay y más interesante que un proyecto de Trados, así que pasamos de entregarlo. El caso es que nos enteramos el martes por la noche de que la profesora también era guay y nos había dado de plazo hasta el miércoles, así que nos tocó no dormir.

Ya que he mencionado Montréal resumiré este último fin de semana. El viernes muuuuy pronto fuimos Lucía, Pablo y yo a por el coche que habíamos alquilado. Antes, dejamos en el pasillo de la resi dos colchones (con la casa encima, como buenos gitanos, que nunca se sabe) porque nos dimos cuenta de que era un poco estúpido (e imposible) ir cargados con ellos hasta el alquiler del coche. El caso es que cuando volvimos a recogerlos ya con nuestro cochecito vimos que los de mantenimiento de la resi los habían tirado a la basura (bueno, no del todo, pero estaban claramente para tirar). Así que metimos los colchones en el coche cual ladrones (porque parecía que los estábamos robando de la basura) y subimos Lucía y yo muertas de la vergüenza y de la risa a por un tercer colchón que no habíamos sacado al pasillo. Bajando con el tercer colchón en el ascensor nos encontramos con un señor de mantenimiento que se quedó con una cara muy rara al ver el colchón: y es que luego nos confesó que era él quien había bajado los colchones porque pensaba que eran para tirar…

Cuando ya conseguimos meter todo en el maletero (jugar al tetris es útil, amigos míos) nos dirigimos a Kingston, a mitad de camino de Montréal. Allí habíamos quedado con Jennifer, una compañera de clase que estaba allí y que nos enseñó la ciudad, muy bonita por cierto (ver fotos en el blog de Pablo). Finalmente llegamos a Montréal a las 8 de la tarde y tras dar golpecitos (bueno, yo reconozco que di golpes un poco fuertes) en la ventana emocionados de ver por fin a caras conocidas, Sarah nos acogió en su preciosa casa en la que estaba también Alvin. Nos llevaron a cenar poutines con más gente de Montréal. Una poutine es un plato a base de patatas fritas al que le puedes echar carne o verduras o qué sé yo; además lleva una salsa. Conclusión: llena un huevo. La noche terminó en L’Escalier, un sitio muy curioso y muy hippy. Es una casa llena de mesas y sillas desconjuntadas y con miles (vale, no tantos) jóvenes dentro; pues eso, ambiente hippy.

Ahora voy con el sábado: llegamos a Québec a mediodía y vimos la ciudad, de noche, porque allí anochece a las 4 de la tarde (¿?) y con lluvia. Dormimos en casa de un chico muy simpático que estudia Traducción e Interpretación en Granada y al que conocí como 2 horas antes de dormir en su salón. Salón, por cierto, en el que dormimos 8 personas…

Al día siguiente, domingo, decidimos volver a ver la ciudad, pero esta vez de día (o algo que se le asemejaba, porque yo creo que en Québec no son de usar soles, allá ellos) y a mediodía de vuelta a Montréal, donde Sarah, que es una santa por lo menos, nos deleitó con una tanda de sus crêpes para la cena. Esa noche Alvin decidió que era más divertido quedarse a dormir con nosotros y estuvimos un buen rato los cinco (Pablo, Lucía, Sarah, Alvin y yo) metidos en una misma cama leyendo consejos de curas: http://www.teologoresponde.com.ar/, muy instructivos por cierto. Creo que esa noche todos pecamos un pelín:

El lunes decidimos ver un poco Montréal y tengo que destacar una tienda de segunda mano llamada Eva-B en la que te tenías que descalzar para rebuscar ropa a 1$ en un montón gigante. Hay que volver.  Después de comer otra vez en casa de Sarah emprendimos el viaje de regreso a Toronto. Ya había pasado el fin de semana, muy divertido y muy movidito: ahora nos esperaba el aburrimiento de un viaje y tranquilidad. Pues no, estábamos equivocados.

No sé a qué altura en el camino nos cortaron la carretera, un lío de la ostia porque no llevábamos mapa de carreteras y además seguir a la masa no funcionó. Por fin conseguimos preguntar a unos bomberos que nos indicaron el camino de vuelta a casa. Pablo buscó en internet al día siguiente qué coño había pasado y por lo visto se había volcado un camión y había provocado un incendio flipante. El caso es que nosotros proseguimos nuestro camino hasta que, de repente, vimos a un hombre agitando los brazos con cara de desesperación con el coche parado en el arcén. Paramos a ver qué le pasaba, que los gitanos son muy de hermanarse y ayudar al prójimo. Resulta que el hombre se había quedado sin gasolina, así que le llevamos hasta una gasolinera, se compró gasolina, nos llenó un cuarto del depósito y volvimos al punto en el que su coche le había dejado tirado. Finalmente llegamos a Toronto y, al pisar la residencia, nos dimos cuenta de que ésta estaba tomada por bomberos: ¡No, otra vez la alarma de incendios no!! Para que os hagáis una idea, la alarma de incendios es un pitido de lo más agudo que se prolonga durante largos minutos (pero muy largos) a horas insospechadas de la noche porque a alguien le ha dado por fumarse un cigarrillo en un sitio en el que no debía. Siempre se arma un pifostio de la ostia y siempre es una falsa alarma. Los ascensores también se paran (medidas de seguridad) y yo vivo en un 21º; gracias a dios o a alguien, Pablo y Lucía viven en un tercero, así que subimos a su casa hasta que se restableciese el funcionamiento de los ascensores. Pasaban los minutos (largos) y los ascensores seguían sin funcionar. Ya nos informaron de que no sabían cuándo podríamos volver a usarlos, así que subí hasta mi casa a patita, con Lucía y Pablo, que son muy solidarios ellos y se pegaron una paliza considerable.

Fin del viaje a Montréal-Québec.

Mañana más. ¿Horario anglosajón? Ja, son las 1.47 de la mañana…

Horario anglosajón

18 11 09

Hoy tenía clase de Globalización, he decidido no ir. Luego diré que suspendo la asignatura, pero es que cero de motivación. Ahora recogeré mi habitación, me daré una ducha, bajaré a comprar leche y haré la cena.

¡¡¡Horror!!! Acabo de matar a una araña que rondaba mi habitación. Ha sido una dura lucha, el sudor frío recorría mi espalda, pero… finalmente… ¡Zas!, la he matado con mi converse roja del pie derecho. Se ha quedado pegada al suelo la muy hija de puta… Dios… ¡qué asco!

El caso es que hoy me acostaré pronto. En este país anochece a las cinco de la tarde, lo cual es muy deprimente. Sin embargo, he pensado que si me levanto pronto aprovecharé más horas de luz solar, así que, pese a mis costumbres voy a intentar cumplir con mi horario. ¿Lo conseguiré?

Mañana os cuento


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